I. Entre la Niebla


Entre la niebla

Entre la niebla contemplo mi figura.
Imagino,
esbozo,
adivino.
Misterio profundo que asusta y detiene.
Soy yo, y entre la niebla me conozco.
Descubro,
me sorprendo,
admiro.

Me conozco buscando, mirando con los ojos muy abiertos.
¡Ese soy yo!, ¡esas son mis manos!, ¡las que se alejan a tientas!
Toco,
acaricio,
reconozco.
Encuentro a otros que me hablan.
Otros me cuentan cómo son y cómo soy.
Charlamos,
discutimos,
reímos,
lloramos.
Me conozco hablando, escuchando,
compadeciendo, compartiendo.
¡Ese soy yo! ¡El que habla! ¡El que calla!

A veces la niebla se hace densa,
impenetrable.
Desaparezco de mí mismo, quedo totalmente solo.
Me parece estar solo.
Pienso,
trasciendo,
rezo,
contemplo.
Ese soy yo, el que está solo con Dios, ausente de sí mismo.

A veces se vuelve neblina misteriosa y los otros son sombras que pasan.
Misterios andantes. Entre la gente
busco,
pregunto.
De pronto, una cara conocida desde siempre, ¡eres tú!.
Y yo soy yo, el que te habla, el que te ama.

¡Ese soy yo! Amado amante entre la niebla,
caminante en tu busca.



A mi amigo

'Mi amigo' te llamaba, confidente,
descanso de mi alma,
recreo de mi mente,
oasis del desierto de la gente.

'Extraño' hoy te llamo, dolorido.
Mi alma se reserva,
mi mente rememora lo vivido.
Tormenta en el mar de lo querido.


Mi pequeño hermano

¿Quién fue tu defensor
mi pequeño hermano?
¿Quién fue tu defensor?
¿Quién levantó su voz?
¿Quién tendió su mano?
¿Quién lloró
el recuerdo de tu ausencia?
¿Quién echó de menos tu presencia?

¿Quién fue en tu condena
tu defensor?
¿Quién fue tu abogado?
¿Quién conoció tu dolor?
¿Quién gritó
y puso voz a tu llanto?
¿Quién miró a otro lado
ante tu espanto?

¿Quién prefirió tu ausencia
a su dolor?
¿Quién arranco el retoño
por no tener flor?
¿Quién creyó
que así lo arreglaba todo?
¿Quién perdió el recuerdo
allá en el lodo?


Te regalo esta flor

Te regalo una flor
que late entre las hojas ajadas de un cuaderno.

Pero dime, tú. Sí, a ti te digo.
Sí, tú que estás leyendo.
¿Qué buscas? ¿Qué persigues?
¿Te crees que estoy mintiendo?
Si no, di, ¿por qué dudas?
¿Por qué piensas por dentro si acaso es todo falso?
¿Por qué me lees con miedo?

¿Es que la poesía es terreno dudoso?
¡Pero midiendo el paso no se llega muy lejos!

Ahora ya te entiendo, rehuyes la traición,
¿quién va a tomarte el pelo?

Sólo ves palabras con puñales
afilados debajo de la mesa,
y tu orgullo, indefenso lector, tan vulnerable,
temiendo el golpe que llena de vergüenza.

Escribiendo el poema se puede oler tu miedo
y mi tristeza.
Sí, también mi tristeza.

Yo sólo pido una limosna, ¿entiendes?
Un corazón que sienta lo que siento.
Un amigo que me abra su alma,
su aposento.
Te atemorizas de un mendigo pobre,
maloliente, hambriento...
¿Quién es la parte débil en este intercambio?
¿Tú o yo?
No, no te vayas, no. Sigue leyendo.

¿Entiendes mejor ahora?
Confía en la verdad de mi miseria.
No te quiero engañar.
Si me ves repulsivo
es porque el pobre no conoce la higiene
y el poeta (yo me explico tan mal)
no sabe nada.

¿No te marchaste aún?
Te lo agradezco

Te regalo esta flor
que late entre las ajadas hojas de un cuaderno.


Gritos y silencio

Todos gritan,
contra algunos gritan,
pisotean, mientras gritan,
palabras confusas de violencia y paz, gritan.

No entiendo el mensaje, dicen paz y gritan.
Los gritos se clavan entre los que los miran,
algunos se suman y con ellos gritan,
otros se retuercen de dolor y callan.

Silencio que lucha por pensar como un buzo sumergido en un mar tormentoso
y gritos que luchan por crecer como un incendio forestal encrespado.

No entiendo el mensaje, dicen calma y gritan.
Todo el que calle es culpable, gritan.
¡Pero yo no quiero gritar, yo quiero remontar!
Me empujan, me atropellan, me golpean.

¿Moriré aplastado por una marcha "pacifista"?
Esa paz no la quiero. ¡Esa paz es tan falsa!.
Cristo habló de otra mejilla.
Gandhi habló de la resistencia pasiva.
Pero esta nueva paz, ¿quién la inventó? ¿El Ché Guevara?
Dicen que es la paz de la revolución y la revolución de la paz.
A mi no me convence. La paz no se grita.
La violencia y el odio tuvieron dos chiquillos
que crecieron fuertes y se hicieron poderosos.
Todo el mundo lo dice: son su vivo retrato.

Pueblos contra pueblos,
tiranos contra pueblos,
guerras contra tiranos,
gritos contra la guerra.
La paz es otra cosa, no tiene que ver con nada de esto.
Con nada.
La paz es amar al enemigo, hasta desmoronar
su armadura de odio.
La paz es la paciencia contra la impaciencia.

Pero estos...
No paran de gritar ante la puerta entreabierta
y la puerta vacila
y se cierra de golpe.

Ahora gritan más fuerte. Vociferan.
¡Asesinos! ¡Asesinos!
¡Qué los crucifiquen a todos!

El odio es una mancha de grasa que se extiende muy rápido,
no hace falta entenderlo. Se odia, se grita, se extiende...
Se extiende hacia arriba y hacia fuera, en volumen y en diámetro se extiende.
Un desahogo que envenena hasta vomitar la bilis más profunda.

¿Cómo dar marcha atrás en este macabro enredo?
No es posible. Me temo.

La turba echa abajo la puerta cerrada.
¿Quién detendrá esta manada desbocada?
¿Quién les convencerá de la contradicción
entre la paz y el pillaje?

El miedo se disfrazó de odio.
El aparente odio se disfrazó de venganza.
La aparente venganza se disfrazó de justicia.
La aparente justicia se disfrazó de libertad.
Esa libertad que va al frente de la multitud imparable que grita:
¡No más mentiras!
Paradojas de este mundo engañoso.

No sé si correr, esconderme o ponerme delante de la turba para ser aplastado.
Dará un poco lo mismo, sospecho.
Pero no gritaré. De eso estoy seguro.
Un poco de silencio.
Pensemos,
no pido más
ni menos.
Silencio, silencio.


Autobús

Compañero cotidiano de camino.
¿Amigo o enemigo? Nunca sabes.
Estrecho, a veces frío, helador,
otras caliente hasta el sofoco y la nausea.
Pies fríos, pies ardientes.
Incomodo y molesto,
esa cabeza que no encuentra su sitio
y esas piernas plegadas
como un muelle torcido
si te toca el realce de la rueda.

Y no digamos nada de las compañías.
Algunos los de siempre,
caras amigas de nombre misterioso,
desconocidos que compartes en tu vida.
Los otros siempre nuevos,
espurios compañeros de camino,
los extras del rodaje diario
cambiando en cada toma.
Si al menos conservaran el silencio,
el silencio del viaje,
pero algunos hablan y hablan, parlotean,
con un zafio lenguaje, sin pudor
de sus intimidades más diversas
y en distintos idiomas,
en voz alta o altísima, ignorando
y despreciando
la presencia de los que les rodean.
Hablan entre ellos o hablan solos
amarrados a un teléfono móvil.
“Collage” de intimidades superpuestas
construyendo un mosaico en esperpento
de desgarros vitales derramados.
Los demás, resignados, lo sufrimos
soportando con pasiva paciencia
y conteniendo
las ganas de entrar en el asunto
y dejar un par de cosas claras.

Y la radio, riéndose de todo,
de lo mejor de la vida
hablando seriamente de bobadas,
vanidades de muerte,
derramando estridencias sonoras
que inducen al mareo.

Pero todo sea dicho,
se disfruta de muchas cosas buenas.
Embobarse en el amanecer asombroso.
El sol de invierno
tras el cristal irradiando
una caricia cálida y amable.
El sueño con su abrazo cariñoso
regalando una elipsis del camino.
Los versos
que florecen en mi mente
y dibujo en mi Palm envejecida.

Y lo mejor de todo,
encontrarse algún día a un viejo amigo
¡tantos años sin vernos!

Todo pasa, también este trayecto cotidiano.
Entre codazos, ganamos la escalera
y volvemos al mundo de los hombres
que viven en su casa.

Y todo esto
se olvida en un instante.


Sueño amargo

Me encontré con la luna en el gimnasio.
Era un sueño, de eso estoy seguro
porque yo no voy nunca a los gimnasios.

Me contó cómo se había retirado
que ya no trabajaba de lucero,
que la noche no la necesitaba.

Me dijo conmovida
que todo había cambiado,
que el cielo no era más que un bello adorno
que ya nadie miraba con deseo,
y las luces nocturnas
poderosas
de vatios y colores llamativos
cegaban las miradas de los hombres.

Lloraba sin consuelo.

Lloramos un buen rato.
Pero yo ya no estaba en un gimnasio,
estaba en un asilo de provincias
triste, viejo y medio abandonado,
a mi lado lloraba un pobre hombre.
Gawain, me dijo, era su nombre.
Sin duda, era todo un caballero.
Sus hijos le habían abandonado.
"No piensan mas que en ellos.
Fue hace mucho tiempo”,
confesaba.
Estaba triste. Muy triste.
Se fue a jugar al mus con pocas ganas
con otro viejo que era amigo suyo
(un tipo un poco loco)
llamado D. Quijote.

De pronto,
me encontraba en otro sitio
y yo ya no era yo.
Yo era un hermoso corzo veloz
en las montañas.
Pero iba huyendo.
Un grupo, gente armada
me seguía.
Gritaban: "¡Que no escape!
Un corzo libre no es más que una amenaza
no podemos dejarle.
No recuerdo cuánto duró mi huida.
No fue mucho.
Pronto me rodearon y acabaron conmigo,
con rifles y pistolas,
con lanzas y con flechas,
con palabras hirientes,
con desprecios.
Y yo les perdoné de corazón
al sentir la ansiedad de su mirada,
convirtiéndome en un ave poderosa.
Volé a lo alto, a la cumbre de los cielos
abrazando el viento con mis grandes alas.
Desde allí contemplaba a mis verdugos.
Lo pude ver bien claro: unos cuantos,
un buen grupo de ellos
se habían transformado en bellos corzos
huyendo por los montes.
El resto, con un odio renovado,
perseguía a los hermanos liberados.


Cuando la muerte pasa

Cuando la muerte pasa
con su helado perfume que te ahoga,
atenaza el estómago y te roba
con el aire violeta en los pulmones.

Cuando pasa la muerte, entonces oigo
al pájaro de Eliot que me exhorta:
"¡Vamos, vamos! ¡Corriendo! No soporta
la pura realidad el ser humano".

Cuando la muerte pasa
y se apoya en la llaga dolorosa
que tenemos abierta y ponzoñosa
simplemente por ser hombres mortales.

Cuando pasa la muerte nos giramos
con disimulo, haciendo pasatiempos,
evitando su vista, el pensamiento,
y el olor del cadáver.

Comprobado:
Sólo vale usar al tiempo de muralla.
cuando la muerte pasa a nuestro lado.

 

Dolor

Dolor amargo,
cegador.
Se revuelve quemando en la cabeza
con colmillos manchados
con sabor a rencores sin tiempo.
Frío, calor
que se retuerce
con aristas de sierra.
No se puede estar quieto
ni parar, arañando el cerebro.

Dolor amigo,
enemigo.
No te pierdo de vista mucho tiempo.
Ni te marchas cuando te lo pido.
Ni siquiera te entiendo.
Siempre pareces un desconocido
al que voy conociendo.

Dolor extraño,
turbador.
Dime, ¿de dónde vienes?
¿Qué buscas en mi débil voluntad?
¿A qué leyes te atienes?
¿Cuál es el precio de tu sinrazón?
¿Quién puede someterte?

Dolor misterioso,
ocultador.
El tesoro que escondes
hace ignorante al que no sufrió
y enriquece al que es pobre.
Paradoja amarga para el corazón
que pronuncia tu nombre.


II. Paisajes

 

Amapolas

Bailan, al son del viento, las amapolas,
cantando por ser hermanas y no estar solas,
juntas tiñen de rojo verdes trigales
miran, con ojos negros, mis ventanales.
 

El viejo mar

El mar tiene barbas blancas,
¿será por viejo?
Es viejo como la luna,
del sol espejo.

Dicen que estuvo aquí siempre
sorbiendo ríos,
sujetando la costa,
lamiendo olvidos.

Pero han encontrado huellas
del mar, más joven,
en la piel de Castilla,
entre algunos montes.

¿Por qué te fuiste tan lejos?
¿Por qué dejaste
la meseta sin aguas
donde mirarse?

Mar, ¿quién fue tu enemigo?
¿Quién te ofendió?
¿Fue que una niña morena
te despreció?

¿Es la sal de tus aguas
amargo llanto?
¿Te fuiste para no verla
y no llorar tanto?

¿Por quién suspiran tus brisas?
Y tus tormentas:
¿Contra quién rugen tus olas?
¿Contra las piedras?

Mar, ¿cuál es tu secreto?
¿Será de viejo,
que sigues refunfuñando
cuando te dejo?


Paisaje de la Sagra

Cielo y tierra compiten
por su llanura,
la tierra, palma extendida
verde, ocre y pura,
el cielo, aliento divino,
verano: abrasa,
invierno: viento que hiela,
y se mete en casa.


Fin de otoño

Campo marrón,
alfombra de piel muerta,
grises y manchadas nubes te custodian
vigilando tu sueño.

Aire frío y hostil
levantando tus manos nos espantas.
Tratas de intimidarnos
con tu aliento de muerte.

El horizonte,
nos descubre un camino solitario.
¿Quién se acuerda del sol? Su quemadura
se ha llenado de sombras de noviembre.


Flor de almendro

                                            A los adolescentes de este tiempo difícil
¿Por qué desafías a la muerte,
flor del almendro?
Bella como la helada
mirando al viento.

Tan hermosa, tan pura,
tan temeraria…
Febrero lanza cuchillas
de hojas de plata.

Flor prematura,
con tus ansias de vida
adornas tu tumba.

Flor mañanera,
tus ardores anuncian
la primavera.


Amanecer de Primavera

¿Dónde nace la luz de primavera
que llena mi ventana y me encadena
al gozo de volar con la mañana?

¿Dónde beben los mirlos melodías
que acarician la faz del nuevo día
y dibujan tu rostro en la alborada?

¿Dónde brota el frescor esclarecido?
Sorprende al respirar adormecido
recordando al torrente en la montaña.

¡Oh, dulce amanecer de primavera!
La vida llama con sus manos llenas
de retoños, de brotes y de flores.

Por el cielo navegan galeones
blancos, radiantes, puros de algodones
enredando en los aires sed de amores.


Radiante

Sube la luz abriendo el horizonte
por la espalda desnuda de la tierra
¿Se levantará de su lecho la montaña?
¿Romperá sus cadenas?
Grita en torrente el sol con voces blancas
con rugidos naranjas y amarillos.
¡Amanece! De hinojos se han postrado
humilladas las sombras de la noche,
diluidas.
El rocío se esconde entre las hojas:
son lágrimas de gozo en la mañana.
"¡Buenos días! ", le gritan los gorriones.
"¡Buenos días! ", en fresco luminoso.


 

III. Fatiga, cansancio


Fatiga, cansancio

Fatiga,
cansancio,
derrota,
impotencia.

Mi ánimo
postrado
se rinde a la fuerza.

La fuerza
del absurdo,
del caos,
del sinsentido.

Se rinde
tras la lucha
de tres años seguidos:

El primero
a la sombra
de un árbol caprichoso;

seis meses
a caballo
de un león rampante;

Un año
en el equipo
del señor de la guerra;

Seis meses,
los últimos,
del invento imposible.

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Miro el futuro
y veo
una escalera larga
que nunca termina,

cada vez
más estrecha,
cada vez
más pina.

Últimamente
tropiezo
porque faltan peldaños.

Cansado
me he sentado
llorando,
esperando.

Esperando
a la luna
que me arrope en la noche.


Desazón

                                                               (Desconcierto tras una desafortunada reestructuración)
Esta desazón ronda buscando
el bien perdido y olvidado, inquieta.
Cuanto el recuerdo trastornado evoca
sigue nervioso tras su silueta.

Tan fuerte fue el olvido, tan profundo,
que no sólo olvidó dónde moraba
escondido ese bien que perseguía,
olvidó incluso de qué bien se trataba.

Sube y baja, amarga, la inquietud
buscando el no sé qué que le trastorna,
estorbando el bien pensar y la cabeza,
confundiendo la verdad con una sombra.

¡Para, ya! ¡Detén tu movimiento!
Necesito silencio intelectivo
que me deje posar el pensamiento,
sopesar si es que me quedo o me despido.

Si me quedo,"¿Dónde? " me pregunta
la musa que todos llevamos dentro.
"…en mi puesto. "¿Qué puesto? Mejor
dejaré esto aplazado a otro momento.

Si me voy, "Te irás a no volver".
Mi musa está empezando a jorobarme.
Dejaré de pensar hasta mañana
con suerte se me olvida al acostarme.

Y vuelvo donde estaba y más cansado,
sin ganas de pensar y cabreado
con la musa que habita en mi conciencia.
Y esta desazón vuelve. ¡Paciencia!.


Gestión por espasmos

Espasmos, convulsiones de estrategia,
capricho repentino en mano regia.
Absurdo, paradoja, despilfarro,
un órdago a la grande y un amago.

O cómo establecer la confusión,
que todo se rodee de desconcierto,
que nadie encuentre el norte ni el futuro,
que “fallo” se confunda con “acierto”.

Esto es, señores, mi trabajo,
la norma que rige mi compañía,
esto es nuestro pan de cada día.

¡Qué se callen los gurús de la excelencia!
¡Enmudezcan paradigmas y otras ciencias!:
contemplen la rareza que aquí se les presenta.


El proveedor

Sólo hablas de aquello que tú vendes,
vanguardia tecnológica, sin duda.
Eres un pobre hombre. Mi ternura
la deje toda al margen. Tú lo entiendes.

Los tópicos que traes entre las manos
resbalan por encima de la mesa.
Cumplimos el mandato de la empresa:
Nos tomamos en serio las mentiras.

Me hablas sin parar y me pregunto
qué ganamos los dos con esta farsa:
el señor, el bufón y la comparsa.

Si pudiera abrazarte y preguntarte
quién es el que se oculta en tu chaqueta.

Sólo me queda tu nombre, una sonrisa,
un reluciente folleto y tu tarjeta.


Aire Negro

Aire negro se cuela
por la puerta entreabierta.
Si cierras,
la mañana se pudre.
Si abres,
cómo voy a explicarte.

A veces me pregunto
si estas hueco o relleno de paja.
Erais muertos vivientes
caminando
por el borde de un puente.

¡Maravilla!
Que a los huesos resecos
les espere un milagro.



IV. Incienso en tu presencia


Incienso en tu presencia

Como incienso sube y sube mi oración,
primero clara y recta,
luego, sinuosa, lucha entre corrientes
de viento invisible.
Se ensancha en la lucha y se desgarra
ocupándolo todo.
Ya no está. Ya sólo queda
su perfume,
y el sabor, en la fe, de tu presencia.

Oración de nuestro Padre

Hijo mío que estás en la tierra,
no olvides tu santo nombre de cristiano.
Tengo tu sitio en mi reino.
Conozco tu voluntad:
Como en la tierra será en el cielo.
Para el hambre de cada día
te doy mi pan.
Perdona cualquier ofensa
como perdono yo siempre a los pecadores.
No te olvides de mí en la tentación,
yo te libro del mal.
Amen.

La mañana

Dame, Jesús, tu mano generosa.
Llévame a tu lado todo el día.
Que tu voz señale mi camino,
y mis ojos descubran tu mirada.

En tus manos pongo mis deseos
repletos de pobres intenciones.
Sopla sobre ellos y derrama
tu luz deslumbrante y generosa.

La tarde


Dice adiós el sol y se despide
regalando colores.
Gracias, Señor, por tantas cosas
que Tú sólo conoces.

La noche

Antes de dormir, venimos a tu lado.
Te pedimos perdón y buscamos descanso.
Danos, Jesús, el beso de la noche
y pasa tu mano en nuestro sueño.

Somos tuyos, sólo tuyos, todo el día,
pero ahora en la noche
nos tomas en tus brazos.


A la mesa

Recuérdanos, Señor, que el alimento
es signo terrenal del pan del cielo.
Que no le falte a nadie tu sustento
y nadie pierda el hambre de lo eterno.


Adviento

Ven, Señor,
aumenta mi deseo.
Que encuentres los pórticos abiertos
de mi corazón
mirando hacia el camino
misterioso.
En él un niño pobre
se aproxima
mendigando morada,
y en su mano una estrella
luminosa
que se llama Esperanza.

Navidad

Dios niño,
oleada de ternura,
no pides más que amor.
Amor amado.

Dios pobre,
indefensa criatura,
que buscas protección
en mi regazo.

Dios santo,
los ángeles te adoran,
los reyes se estremecen
a tu lado.

Dios mío,
misterio sorprendente,
Dios niño que duerme
entre mis brazos.

Cuaresma

Cuarenta días, contigo en el desierto.
Enséñame a rezar.
Quiero dejarlo todo y me doy cuenta
lo atado que estoy.
Tanto me cuesta dar mi mano al hermano
y perdonar.
Desata mis cadenas y déjame contigo
caminar.
Tus huellas en la arena.

Semana Santa

Pasas Señor amando entre nosotros,
amando hasta el extremo.

Te disfrazas de pan,
vino, alimento,
te partes en pedazos.
Limpias mis pies cansados,
te arrodillas,
te humillas en las manos de otro hombre,
en su palabra tu Palabra actúa.

Y te dejas prender,
te abofetean, y tú, Amor,
nos perdonas.
Gritamos o callamos,
mientras garras
te golpean en la carne y en el alma.
Silencioso caminas con la carga del mundo y te levantas
donde todos te podamos mirar y quedar sanos
de la herida mortal de la serpiente.

Cuando todo parece muerto y terminado,
misterioso milagro silencioso:
se ha corrido la piedra de la muerte, la tumba está vacía.
Mi Señor está vivo.
"Buscadme en Galilea. "


Pascua

En Galilea nos sales al encuentro,
en medio de las clases, del trabajo,
recogiendo las redes,
misterioso.
"¿No serás un fantasma? ", preguntamos.
"Soy yo. No tengáis miedo", nos respondes.


El Espíritu

El Espíritu. La fuerza misteriosa
que toca el corazón y te renueva.
Blanca paloma, llama silenciosa.
Divino despertar que todo ordena.

Vuelo blanco de fuego inacabable,
caricia delicada, fuerte empuje.
Presencia que se siente y no se sabe.
Amor que se transforma en luz que luce.

El verano

El verano, el calor, todo lo llena
hasta el claro horizonte.
Nada escapa a tu cálido aliento,
a tu mirada
insultante de luz,
castigadora.
Eres abrazo cuidadoso de Dios omnipotente
que se acerca en su gloria
temeroso
de poder abrasarnos.


Tengo miedo

Tengo miedo. Estoy solo.
Sombras siniestras
cubren el horizonte
en mi corazón.
Dame la mano fuerte
de tu Palabra,
la espada victoriosa
que está en tu Amor.
Que las sombras no existen
y no estoy solo.
Para el miedo no hay sitio
si está el Señor.

Estoy contento

Te doy gracias, Señor, por la alegría,
hoy estoy tan contento
que el mundo se ilumina de armonía
y hay color en el viento.
Hiciste el universo con maestría:
Todo gira perfecto.


El día más triste

Hoy es el día más triste,
vengo a tu lado
porque sólo tu entiendes
mi desazón.
Con mis húmedos ojos
miro tus clavos,
con mi voz insegura
digo Señor,
tómame entre tus brazos
crucificados
mientras llora en la pena
mi corazón.


Tú, el Amante

Llego ante ti, mi Señor, cansado,
tan cansado.
Mi alma acelerada en mil trajines,
vanidades.

Me indigna que tu estés aquí esperando
enamorado,
y yo continuamente distraído en
vaguedades.

Descubro que mi rabia me delata
equivocado,
que tu misericordia se complace en
mi cansancio.

Perdóname mi pobre amor estrecho,
miserable.
Perdóname mi falta de humildad
tan arrogante.

Mis buenas intenciones luego son
tan vulnerables.
Yo soy pequeño, pecador, amado...
Tú el Amante.


Levadura en la masa

El pan se agradece
con poca levadura:
un pellizco en la masa
da lustro a la cochura.

¿Por qué nos empeñamos en querer ser más grandes?

Un poco de sal basta,
un pellizco en el caldo
hace al guiso sabroso,
delicioso el asado.

¿Por qué nos duele tanto ser tan solo unos pocos?

El camino es estrecho,
la senda empinada,
la puerta pequeña,
especial la llamada.

¿Por qué nos extrañamos de ir en fila india?

Pero todos reciben
la luz de unos pocos,
muchos son sazonados,
muchos son levantados.

¿Por qué no nos gozamos de tanto milagro?
¿No será que buscamos otra cosa?


Todos por uno

El problema con el factor espiritual
es no entender el milagro
de multiplicar.

Cuando uno solo se priva,
otro se llena,
cuando uno solo se marcha,
otro se queda.

Pero piensa que otras muchas veces
lo recuperas con creces:

Que uno solo vigila,
y cien se han dormido,
que uno solo te falla,
y cien han caído.

Cuánto más ha de crecer
todo aquello que no ves:

Uno solo se inmola,
mil se han librado,
uno solo se entrega,
mil se han purgado.

Eso no es nada si lo comparas
con la fuerza que hizo todo de nada:


Uno solo en el leño,
todos lavados.
Uno solo triunfante,
todos salvados.


No nos mires

                                                Al Capítulo Hispanoamericano de Caballeros del Corpus Christii
 

No nos mires, silentes caminantes
en hileras verdes desfilando,
mira mejor al Hijo del Eterno.
Él, alimento, viene caminando.

No nos saludes, no, que nada somos
(indignos compañeros de camino),
saluda al que te espera en la Custodia
que a los ojos te mira como amigo.

No nos preguntes, no, de dónde viene
la comitiva bajo el sol ardiente,
pregúntale al que cierra nuestra marcha,
pregúntale al Señor de los vivientes

No nos pidas, no, que te llamemos
a seguir nuestros pasos peregrinos,
pídeselo al Esposo que conoce
tu corazón, tu nombre y tu destino.




V. Amor en tiempos de Crisis



Amor en tiempos de crisis

Dicen que el amor está en tiempos de crisis.
Dicen,
que las flores perdieron su olor a promesas,
que ya nadie sabe deshojar miradas.
Dicen,
que los besos perdieron su magia
y que los pañuelos ya no juntan las almas.

Dicen que el amor ya no toma el fresco
y nadie pasea bajo su ventana.
Dicen que la luna no mira envidiosa
el rostro encendido de una enamorada.

Dicen que el amor perdió su guitarra
y ya nadie canta al balcón de su amada.
Dicen, dicen, dicen,
pero nadie sabe.


Soneto del beso

Buscaba las palabras más hermosas
para pintarte un beso en un poema.
Por desacierto sufro con mi pena
incapaz de la estrofa victoriosa.

Si encontrara una rima prodigiosa,
o al menos demostrara mi destreza
desterrando con versos tu tristeza.
El desdén de las musas me destroza.

Si pudiera acertar con el conjuro
que rompe la distancia que separa
tu corazón y el mío con su muro.

Pero, torpe, fracaso en esta empresa
de encontrar ese verso que te diga
lo que dicen los labios cuando besan.

Ser y no ser del amor

Amor. (Del lat. amor,-õris.) m. Sentimiento que mueve a desear que la realidad amada, otra persona, un grupo humano o alguna cosa, alcance lo que se juzga su bien, a procurar que ese deseo se cumpla y a gozar como bien propio el hecho de saberlo cumplido. (Diccionario de la Real Academia Española, 21ª edición)

Amar es sentimiento.
Amar no es emoción.
Amar es movimiento
Amar no es compasión.

Amar mueve el anhelo.
Amar no es suspirar.
Amar busca lo bueno.
Amar no es disfrutar.

Amar es ver lo tuyo.
Amar no es poseer.
Amar es dar la vida.
Amar no es retener.

Amar es tu alegría.
Amar no es mi placer.
Amar es todo tuyo.
Amar es ver crecer.


Camino del amor verdadero

Sus ojos, su voz, esa manera
de mover la cabeza. Su perfume.
Podría levantarme tras su paso
o seguir esperando.
Me levanto.

Pasaron varios días de deleite,
dulces como la brisa fresca en primavera.
La llamo por su nombre y a su lado
luce un sol delicioso.
Sol gozoso.

Ya no hay en el mundo cosa alguna
que nosotros dos solos. Tú perfecta.
No me importa sufrir si me lo pides.
Pídeme lo que quieras.
Me gobiernas.

Con el tiempo pasó mi encantamiento.
Yo te sigo queriendo. Pero ahora
eres tú de verdad con tus defectos
y toda tu hermosura.
Bella luna.

Te quiero porque quiero, porque quiero.
Tú sola para siempre, tú y yo en uno
compartiendo un futuro. Amando juntos,
abrazando la vida.
Amor que obliga.


Me llamaste amor

Me llamaste amor, te dije un beso
y las olas rozaron la espesura
llenando los desiertos de ternura.
La luna se escondió bajo tu pelo.

Me llamaste amor, bebí en tu vaso.
Nuestras almas volaron al oriente,
despertaron al sol, astro durmiente,
borracho de las luces del ocaso.

Me llamaste amor, encendí un verso,
las estrellas llegaron de regreso
llenando oscuras noches de esperanzas.

En la dulce canción de tu ternura
los ángeles tejieron la hermosura.
Me llamaste amor, dulce palabra.


Entre tú y yo

Pasan los años.

El tiempo pasa despacio
para el futuro. Pero a tu lado
la vida en alas eternas
pasa volando.

Nadie lo sabe.

En tus rizos se enredan
vientos y mares, y en tu mirada
las estrellas se eclipsan,
de madrugada.

Sólo nosotros.

Una especial caricia
ciñe tu encanto. Luna de agosto,
la luz presume y se goza
sobre tu rostro.

Nuestro secreto.

La esperanza: alegría
con voz de niños. Son tres sonrisas
el fruto de nuestra entrega,
nuestra divisa.

Quién sabe cómo.

Llegaremos a viejos
sin darnos cuenta. Meta esperada:
haberlo entregado todo,
quedar sin nada.

Inventario de ti

En la tempestad, mi puerto.
En mi oscuridad, aurora.
En el ancho mar, mi orilla.
En mis tierras, mi señora.

En mi corazón, mi reina.
En el rojo sol, la sombra.
En mis trigales, el viento.
En mis arroyos, la roca.

En noche oscura, mi luna.
En mis jardines, la rosa.
En mis suspiros, deseo.
En dos vidas, una sola.



Palabras

Cofrecillos de vida son las palabras.
Con caricias de viento prendió mi llama.

Agua que corre
entre versos trenzados con mal de amores.
Sol que calienta
el ramito de luces que me despierta.
Digo tu nombre
y las campanas saltan por los balcones.

Amapolas de cielo son las miradas.
Se lavaron mis ojos en tu mañana.