I. Oscura canción de noche



¿Dónde está la esperanza?

Sé que me estoy muriendo, que mi vida
se escapa entre los dedos de mi mano.
Pocos tienen valor para contarme
la verdad que se esconde a cada paso.

Porque ellos también se están muriendo.
El reloj va mordiendo su futuro.
El presente se va como ha venido
y el pasado se vuelve más oscuro.

Entonces, ¿qué esperamos –me pregunto–
si está sentenciada la condena?
¿Podemos esperar algo de nada?
¿No están las tumbas de esperanzas llenas?

El silencio contesta a mi pregunta
callando. Es su única respuesta.
¿Puede haber algo más desesperante
que el silencio callando? Todo llena

de triste desencanto y amargura
mi pensamiento y este helado eco.
¿Dónde está la esperanza? ¿Dónde? ¿Dónde?
Me llama, oigo su voz y no la encuentro.

Pero su voz se oye. Muy adentro.
En cada latido del corazón roto.
En el silencio, en el ruido, en el jaleo,
en la brisa, en el rayo, en el arroyo.

¿Será una ilusión la que me engaña
y busco una mentira que consuele?
Pero…
…si está la vida esperando en el camino
¿por qué iba a conformarme con la muerte?


El agua que da más sed

Con el agua del río consumista
bebo nuevos deseos cada instante.
—Bebe, bebe —repite el mundo entero—
en la fuente pulcra de los insaciables.
En el dulce vaso de la posesión
amargo elixir es la impaciencia.
Deseos que persiguen con envidia
la sombra de El Dorado milagroso.
Y después, el ardor de la mentira
provocando más sed, insoportable.
—Bebe, bebe —repiten los doctores—
el bienestar no espera a los pacientes.
—Es la impaciencia el pecado de este tiempo.
—Es la falta de tiempo —dice alguno.
Pero el tiempo es el mismo que hubo siempre
incluso un poco más, me atrevería.
De desesperanza a desesperación
sólo tres o cuatro letras, más o menos.
Deseos que se educan en la frustración
hacen de la espera un fruto imposible.

En la noche

La noche se prolonga demasiado.
Es fría, oscura, hostil y sin sentido.
Cada vez más oscura,
más cerrada. Supera nuestras fuerzas que, cansadas,
se rinden a la orilla del camino.
Hace tiempo que dicen que hubo alguien
que esperó
en un amanecer,
en el fin de la noche.
Esperó y esperó y nadie recuerda
que ocurrió con su vida y con su muerte.
En el amanecer ya no cree nadie
y a quien dice que espera,
tampoco le cree nadie.
Nadie en la noche espera al otro día.
Hay que estar ciego para no ver que la noche
está tan firme que es indestructible.
Nada puede con ella.
Hay que ser atrasado, ser idiota para creer en el día
en esta noche
que se va haciendo eterna.
Es evidente:
¡Ojos que ven la oscuridad vacía!
¡Manos que sienten el relente helado!
¡Pies que vacilan en el suelo incierto!
¡Corazón frágil que no cree ya en nada!
¿Dónde está la luz en esta nube negra?
¿En la idiotez de los cobardes consolados?
¿En la ilusión de los atolondrados?
¿En el deseo de los tontos infantiles?
¿Cómo creer en el día
cuando es profunda la noche?
¿Cómo creer en la luz
cuando la luz no existe?
Hay que estar ciego para esperar algo
de un amanecer, cuando es de noche.


Inventar la esperanza

Inventar la esperanza
es la salida.
Inventar la esperanza a nuestro gusto.

Busquemos un nombre poderoso,
llamémosle Ciencia,
poderosa Ciencia:
alarga la vida,
acorta distancias,
nos hace más fuertes,
aleja el dolor.

Recuerdo a Gilgamesh que consiguió
la planta de la eterna juventud
(símbolo antiguo de la ciencia moderna)
y cuando descansaba
de su larga aventura
(la evasión de la angustia de la muerte)
con un baño feliz y placentero,
la serpiente de agua, traicionera,
le robó su tesoro.
¡Qué desgracia!
Lloro mucho y llorando fue entendiendo
que al hombre se le niega
este regalo de dioses
mientras viva en el reino
de la astuta serpiente.

Fue la ciencia,
la ciencia,
(quien prometió librarnos de la muerte)
quien inventó nuevas formas de tortura,
de matanzas hermosas como un hongo
o venenos sutiles y certeros.

Hoy la ciencia se ha vuelto contra el hombre.
Amenaza el futuro.
Ya no sirve
para nuestra esperanza.



¡Inventemos una esperanza nueva!
Y su nombre es… ¿dime su nombre?
Progreso,
¡oh, Gran Progreso!
Voluntad de avanzar
conquistando un futuro
de justicia, de paz, de libertad.
Un nuevo mundo hermoso.
El reino de nuestro bienestar.

Creer en la utopía del cielo aquí en la tierra
dando a cada uno una parte de todo.

Y los hombres crearon una bestia
que moviera la rueda de la historia;
le llamaron Estado y creció fuerte
con la ayuda de todos. Le dijeron:
cuida de nuestros bienes y derechos,
protege el bienestar y la cultura,
y conduce nuestra nave hacia el progreso.
La bestia así lo hizo mientras pudo.
Pero era imposible (poco pudo)
atender el bienestar de tanta gente
cada uno distinto, tan distinto.
Así la bestia decidió obligar a todos
a que fueran iguales, empleando
argucias psicológicas, terapias, incluyendo la hipnosis.
Aún algunos resistieron y fueron torturados y acosados
y los que aún no cedieron, devorados
públicamente por la parda bestia.

El progreso acabó con las personas.



¿No seremos capaces de crear una nueva esperanza?

Llamémosle Riqueza, los países
compiten por lucir el más hermoso
Producto Interior Bruto.
Los ricos son felices y los pobres
envidian a los ricos.

¡Oh, dinero! Esperanza del pobre que lo envidia
y del rico insaciable que te adora.

Dios dinero, celoso con tus siervos,
no dejas, no, que amen otra cosa.
Tú dejas ciegos a tus sacerdotes,
sordos a los que te invocan,
mudos a los que gritaron tu nombre.

Dinero que pudre el corazón humano,
enemigo del hombre
que te adora.

No se puede esperar nada de ti,
sólo la muerte
y un lujoso entierro,
quizá televisado.


Todo fracasa y no nos queda nada.
Unas manos vacías y ¿la esperanza?
¿Dónde está la esperanza de los hombres?

¿Podemos esperar algo más que la muerte?
Desespero

Quizá nuestra esperanza sólo es eso:
amar el caos que todo lo rodea,
amar la desazón de la tristeza
porque no hay esperanza para el hombre.

¿No es esa mi experiencia?



Muerto viviente

El frío interminable de la noche
acabó con los latidos del futuro.
El viento helado atravesaba el muro
acorazado de mi corazón.

La luna se olvidó de mi mirada
y el camino apagó sus dos veredas.
La nostalgia se agarra a lo que queda
que no es más que un recuerdo gris de humo.


Una luz en la noche

Recuerdo de las buenas intenciones.
Pesada oscuridad, ¿vale la pena?
Inmóvil espesor que te cercena
con color de la muerte tentaciones.

Luchar versus luchar perdiendo siempre,
fatídica elección del sinsentido.
Esta calle sin luz que no he elegido
y una pena sin llave que la cierre.

Una vieja arrastrando un frágil carro
cargado de millones de montañas.
El futuro invadido por arañas.

¿Fue jugando una niña con sus tizas?
Dibujó sobre el suelo unas tijeras
que cortaron amarras.
Zarpa y vuela.



II.Primer Interludio Onírico



Saludos a tus padres

Hoy mismo,
esta misma mañana,
me encuentro a un viejo amigo.
Yo voy
camino de un recado,
caminando.
Él viene volando
de repente.
Le arrastraba la brisa
a media altura
entre el cielo y la tierra.
Boca abajo.
Le agarre por los pelos,
de milagro.

—¿Dónde vas buen amigo?
—le pregunto—
sin los pies en el suelo.
—Es que yo vengo
—mi amigo me responde—
de hacerme un psicoanálisis.

En ese momento
un golpe recio
de viento de poniente
le arrancó de mi mano.
—¡Saludos a tus padres!
—yo le grito.
—¡Ya no tengo tal cosa!
—me responde
mientras flota
volando entre las hojas
al final de la tarde.

 

III. En los niños habita la esperanza



En los niños habita

Fue una niña jugando con sus tizas
porque en ellos habita la esperanza.
Las tizas son sus puros pensamientos,
sus deseos de colores.

En los niños se fija la esperanza
porque todo es futuro,
porque el cielo está abierto a su paso,
porque el sol sale pensando en ellos.

Si pudiéramos hacernos como niños
y nacer otra vez desde el principio,
quizá recobraríamos la esperanza.

Pero sólo mirarlos es tan grande:
mirarlos con los ojos que nos miran,
reflejándolo todo. Es tan hermoso.

¡Cómo no confiar en el futuro
Cuando se mira a un niño que sonríe!

¿Qué vida se esconde en la risa de un niño?

Risas de niños, brotan.
Vida espontánea.
Agua que salta y corre,
feliz, entre las piedras
(mi corazón).

Risa pura, inocente,
luz de la tierra.
Flores vivas perfuman aire azulado
con su canción.

Ríen juntos los niños, a borbotones,
dibujando colores
alrededor.

Los mayores miramos con sana envidia,
se llena de esperanza
nuestro temor.

Duerme mi niña, duerme

Duerme mi niña, duerme.
Ángel precioso.
¿Sueñas con osos suaves
de piel azul?
En medio de la noche
tu ojos sueñan
con la paz del lucero
lleno de luz.

Tu respirar sereno.
Pasan las horas.
Tus manos relajadas.
Quieres hablar.
Tus pestañas enormes.
Contarle al mundo.
Tus labios entornados.
Tu confiar.

Duerme mi niña, duerme,
que yo a tu lado,
lucharé por tu vida
sin descansar.

En la alameda verde

En la alameda verde
juegan los niños,
se oyen las bicicletas,
risas, bullicio.
Juegan entre gorriones
que a breves brincos
van pintando en la arena
signos perdidos.
Gigantes bellos,
dragones que lanzan flores
en vez de fuego,
arañas lindas trepan por los castillos,
saltan luceros.
Juegan los niños. Y los abuelos
pintan color futuro
grises recuerdos.

Qué será de ti

¿Dónde te llevará el viento?
A puertos lejanos.
A horizontes azules nunca soñados.
¿Dónde surcará el agua tu nave azul?
¿Dónde, cuando yo muera, amarrarás tú?
Incluso, después.
¿Qué será de ti? Pregunto, porque no sé.

Triste canción de cuna

No le mezas la cuna
que ya no está.
El niño partió a las nubes,
no volverá.
Su madre con su recuerdo
llorando está,
pero con su esperanza
cantando va:

—Mi niño serás eterno
lucero azul
y algún día entre mis brazos
estarás tú.

No le mezas la cuna,
no llorará,
porque entre los ángeles
jugando está.
Su padre lleva su nombre
bordado en hiel
mientras su pensamiento
sigue con él.

—Mi niño serás ternura
de mi vejez
y a la puerta del cielo
te podré ver.

No le mezas la cuna,
que dormirá
entre cantos de estrellas
de eternidad.


IV. Segundo Interludio Onírico



Sueño de los dos hombres

Soñé con un hombre.
Se comió una isla
y en isla desierta
convirtió su vida.

Ni cielo, ni tierra,
ni fuentes, ni sol
compartió con nadie
que no fuera un Yo.

Un Yo omnipresente
que todo llenaba
ni aire, ni viento,
ni sitio dejaba.

Este obeso Yo
su isla llenaba.
La isla su mundo
de mar rodeaba.

—Me comí una isla.
Nuestro Yo pensaba.
—¿Si bebiera el mar
y mi sed saciara?

Sus fauces se abrieron.
El agua fluyo.
Con peces y conchas
sus tripas lleno.

Pero el mar inmenso
no se vació,
es más, si me apuran,
nada se notó.

Nuestro Yo está hinchado
y muerto de sed
(la sal no perdona)
y tragó otra vez.

El agua potente
con olas y lodo
entró poderosa
rompiéndolo todo.

Reventó en pedazos
el hinchado Yo
y nunca supimos
en lo que quedó.

---

Soñé con un hombre
que encontró un camino
y vivió en el tránsito
su propio destino.

Muchos encontró
en su caminar,
y mucho dejó
para no parar.

Rodeó su vida
de cambiantes Túes
en tierras morenas
y cielos azules.

Recorrió la tierra
hasta el horizonte
con amaneceres
cantando su nombre.

Encontró una fuente
cuando tuvo sed
y un samaritano
le dio de beber.

 

V. Eternidad



Sin eternidad no hay esperanza

Sin futuro no hay deseo.
Sin mañana no hay presente que camine.

Mientras dure el tiempo,
el fiel de la balanza es indeciso,
el futuro es enemigo del futuro:
¿Si llego a ser feliz
en un mañana,
no habrá algún día después
que todo empañe?

Con tiempo la esperanza
es una flor
que fenece en la noche.
Incluso antes.

Pero una esperanza eterna
vence al tiempo
y nada puede ahogar sus ilusiones.

Entonces se descubre
que el Mañana
es sólo un ropaje pudoroso,
que esconde o que muestra,
según cuándo,
un Siempre que es eterno
y nunca muere,
un Siempre
que sustenta la Esperanza.


La puerta de lo eterno es la Esperanza

La eternidad promete ser muy larga
porque se ve desde el tiempo pasajero
pero dicen que cuando se ha llegado
el tiempo se ve ya de otra manera.

Allí no hay largo ni corto, no hay pasado.
Es difícil meterlo en mi cabeza:
El ahora se alarga en el presente,
el futuro es ahora y es un siempre.

No aplica la esperanza en esa tierra
porque ya se ha llevado a cumplimiento.

La esperanza es visión mientras te acercas
de la puerta que da paso a lo eterno,
es la puerta del cielo, es el umbral
que permite otear el horizonte,
es el quicio del fin y del principio
del ahora y del siempre para el Hombre.


Eternidad

El tiempo sin tiempo.
                    Primavera
en continua eclosión,
                    interminable.
Horizonte infinito que se alcanza
                    con tan sólo mirarle.
Brisa fresca,
                    de su aliento continuo y amoroso
                    alimenta a los ríos sin descanso
                    en tesón y paciencia.
Un silencio
                    hablando sin palabras de otro mundo.
Un silencio que canta,
                    que proclama.
Que despierta la vida.
Esa Palabra,
                    esencia de continuo, pronunciada
una vez para siempre,
                    eternamente.
Eternidad es voz que es pronunciada
                    siempre y ahora,
hablada y escuchada.
                    Eternidad es Dios que con Dios habla.


La esperanza del Apocalipsis

La oscuridad más espesa
la luz sin esfuerzo aclara,
la noche mas tenebrosa
el amanecer desarma.

La oscuridad es terrible
y la noche se hace larga
pero al lado de la luz
su poder se desmigaja.

¿Por qué demora la luz?
¿Por qué su venida tarda?
¿Por qué el reino del oscuro
se ríe de la mañana?

Será que en la eternidad
el tiempo parece nada
y la vida es una noche
en una mala posada.

Pero la muerte y la guerra
han puesto aquí su morada.
—Bastará un rayo de luz
para quebrar su muralla.

Pero “el horror”, “el horror”,
basta mirarse a la cara.
—Es la nausea del que ciego
ha olvidado la alborada.

Porque vivir es morir
y morir ver la luz clara,
abre los ojos que ven,
ojos llenos de esperanza

Dime tú, ángel divino,
¿cómo será la mañana?
—Los fieles serán infieles,
la mujer será sitiada,

la madre huyendo al desierto
y la tierra devastada,
el dragón reinará el mundo,
la bestia será adorada,

la voz del falso profeta
será la única escuchada
y cuando todo esté oscuro,
con la noche más cerrada,

en el cielo habrá un incendio
de luz naranja y dorada,
poderoso amanecer,
la tiniebla desarmada,

y la esposa que esperó
cuando ya no había esperanza
oirá la voz del esposo
que la llama. Voz amada.


El sol vendrá poderoso
en su trono azul de llama
y calentará la tierra
con la luz de su mirada.

¡Llegó la boda final!
El espíritu proclama.
El esposo con la esposa
el día que nunca se acaba.