I. Desahogos de Oficina
La lucha
Me pongo la corbata con su máscara.
Encierro en el libro mis poemas,
el libro en el cajón
y allí mis sueños.
Me pongo la chaqueta y la armadura,
ajusto bien su cuello, el yelmo y la visera.
¡Vamos a luchar, que espere el verso!
Nadie sabe de esto. Ni imaginan.
A luchar con ingresos y con gastos,
beneficios, retornos, inversiones...
Oculto tras la cota late el viento,
la brisa entre los truenos
silenciosa.
Chocan las espadas, caen valientes,
corta el aire el acero de mi mente.
Mano de hierro, diestra en la batalla,
somete objetivos,
gráficos y cuentas,
costes unitarios, rediseños.
La misma mano, antes, con palabras,
creadora de universos en mis sueños.
Nadie sabrá de esto, es mi secreto.
Viento escondido,
arrastra corazones.
Sólo verán corbatas y guarismos,
espadas afiladas que empujan las razones.
Han despedido a un compañero
Han despedido a un compañero,
una tarde fría antes del invierno,
sin causa que sea razonable,
no más que un apunte contable.
Importó bien poco cual era su edad, sus hijos,
su esposa, su calamidad.
Helados le hablamos, le dimos la mano,
le oímos por dentro llorar,
se oyó la tormenta presta a devorar su rota esperanza,
le vimos marchar.
En pleno silencio
hablan los corderos del destino injusto
que comparten juntos en el matadero.
Han despedido a un compañero.
Ha sido el primero,
luego vendrán más, que se irán marchando
por la triste puerta que el viento va helando.
Y los que se queden en el frío pasillo
vendrán comentando, haciendo corrillos.
Vienen murmurando,
hablan los corderos del destino injusto
que comparten juntos en el matadero.
Reunión de trabajo
Hablamos de humo, de sombras, de reflejos,
cuando el tiempo se agota y la vida agoniza.
Los frívolos juegan a dioses y reyes. Ríen,
olvidando su destino. Lloran,
porque el sol les molesta.
Cadáveres podridos se visten de traje y corbata,
se reparten el futuro de una tumba,
invierten en acciones del infierno
y se frotan las manos.
Se preocupan por el largo de las uñas
cuando el cáncer avanza.
El tiempo corre y se ríe.
¡Qué Dios nos perdone!
Canción del financiero
¡Cuidado, cuidado!
Que viene el financiero.
Yo veo mesas y sillas,
él ve sólo dinero.
¡Cuidado, cuidado!
Que viene la tijera.
Nos visten de cochinos
que San Martín se acerca.
Dinero poderoso,
por todos adorado,
para tu sacrificio
estamos preparados.
¡Peligro, peligro!
Hay que ajustar los costes:
Castigos al currante,
lisonjas al preboste.
¡Peligro, peligro!
Que viene el consultor.
Es la gallina ciega,
cerebro de extintor.
Dinero poderoso,
por todos adorado,
para tu sacrificio
estamos preparados.
¡Alarma, alarma!
Los santos inocentes:
Herodes financiero,
quiere hablar con la gente.
¡Alarma, alarma!
Estemos preparados.
No entendemos por qué
pero nos ha tocado.
Dinero poderoso,
por todos adorado,
para tu sacrificio
estamos preparados.
La Crisis
Aquí está la crisis con su mano invisible,
te coge de las tripas
y aprieta.
Aquí está de visita el gélido despido,
de visita, esperamos,
algunos desesperan.
Aquí vienen los nervios amargos
que todo emborronan
y confunden.
Aquí pega la violencia del pánico,
que a tantos transforma
y envilece.
Sapo de hiel, hachazo de amargura,
precipicios de odio me amenazan.
Aliento de Medusa (¡no la escuches!)
susurra:
“disfruta de esta caza,
odia y serás libre”
(¡no la mires!
Tu corazón se helará como una piedra).
Qué difícil caminar contra el viento huracanado.
Qué difícil no rodar por la pendiente.
Qué difícil decir no al odio.
Aquí está la crisis con su negra mano,
te tapa la boca
y te asfixia.
Prefiero tu amor
Un nuevo milagro cada primavera,
aunque haya crisis, aunque la acción baje,
aunque el futuro sea oscuro,
y cada día más duro.
Un concierto en trinos cada amanecer,
aunque suba el paro y suba el IPC,
aunque la cuesta sea cada vez más terrible
y el crecimiento del PIB insostenible.
Un amor ardiente en tu corazón,
aunque los EBITDAs se vistan de rojo,
aunque el financiero nos mire sediento
y siempre rememos en contra del viento.
Una risa fresca entre tú y yo,
aunque quiebre hasta el apuntador.
Porque la vida es amar yo prefiero
tu risa, los trinos, la luz, tu calor.
Me río de la crisis si tengo tu amor.
Correos entre semana
¿Quién puede detener esta diarrea
de nosecuantas mierdas por segundo?
Este `mail´ que tortura mis minutos
llenándolos de espinas.
El barco de mi tiempo se me hunde
achicando basuras.
El peso de los temas escabrosos
me sepulta hasta el cuello,
y nada les detiene,
ahí siguen cayendo,
sobre mis brazos rendidos,
impotentes, como clavos torcidos.
Hasta el cuello me llega la agonía esperando a mañana,
que seguro que será peor y más duro,
y estaré más cansado.
Pero será mañana, al fin y al cabo, con un poco de suerte.
Y mañana: mañana,
en pocos días llegaremos al viernes.
Bendito viernes gozoso que todo lo redime.
Lo que hay que aguantar
Lo que hay que aguantar,
¡Señor! Todos los días.
Lo que hay que aguantar.
Que te pisen la memoria,
que te hurguen en la herida.
Que te escupan el esfuerzo,
que te compliquen la vida.
Lo que hay que aguantar,
sin derecho a quejarse,
sin poder reprochar.
Porque otros hay peor
que no pueden respirar,
al menos, yo tengo aire
aunque huela un poco mal.
Lo que hay que aguantar,
¡Señor! Y lo que queda,
que no ha hecho más que empezar.
Cuando vienen los bufones
con sonrisas de cartón,
se me revuelven las tripas
y se encrespa el corazón.
Si yo tuviera una espada
afilada, medieval...
... ¡Lo que hay que aguantar, Señor!
Y yo, tan enfurecido,
y con este mal humor:
¡lo que tendrán que aguantar
los que tengo alrededor!
Exceso de trabajo
Las redes se colmaron de alegría,
las líneas bromeaban,
los routers recitaban poesías.
El firmware se llenó de primavera,
un interfaz cantaba y otro se reía,
el software meneaba las caderas.
Los bits estaban locos,
jugando a los vaqueros,
corrían sin descanso, unos y ceros,
de un lado para otro.
Contando cotilleos
el SNMP parloteaba
hablando sin parar de esto y de aquello.
El sol resplandecía.
Untado bien en crema,
el BGP moreno se ponía.
El ISIS se tomó una Coca-Cola.
La brisa refrescaba.
El firewall me invitó a una gominola.
Y así pase la noche
de picnic y soñando con las redes.
Y estaban todas locas.
La Cueva
Si pudiera subirme a una nube
para dar volteretas
y, colgando las piernas,
saludar a los niños que juegan.
Si pudiera nadar por los mares,
bucear el océano,
con delfines saltar entre olas
y cantar con sirenas.
Pero no. Yo trabajo en la cueva
de cristales ahumados,
encerrado entre luces sin sombra
con aire sin viento.
Así me gano el pan,
sin sudor en la frente.
Van mis dedos bailando furiosos
por las teclas crujientes.
Con los nervios tensados, al borde
de saltar en pedazos,
y la copa de las ambiciones
tendiendo su lazo.
En el fondo, hago cosas bonitas
para quien las entienda:
en mis manos sujeto el timón
hacia el sol que despierta,
y disfruto,
pero en el aire hay algo nocivo,
con dolor lo presiento;
no es normal descubrir con sorpresa que
de lunes a viernes
también sale el sol y recorre su trecho,
mientras yo, recluido en mi cueva
me entero de que es primavera
porque viene marcado en mi agenda.
II. Desahogos a la Sombra...
El buzo de la isla
Mi mundo interior, la verdad rocosa,
mi luna, sus estrellas,
mi sol y mis poemas,
la playa de mi cuerpo rodea mi extraña isla.
Los demás, nadan y viven en el mar inhóspito.
¿Y el aire, no necesitan aire?
De vez en cuando asoman y no parecen verme.
Mi trabajo es estar bajo el agua con ellos,
se creen que soy un pez un poco raro.
Pero vuelvo a la orilla y vuelvo solo.
¿No necesitan aire? Me pregunto.
Soy un buzo no un pez,
pero ellos no entienden,
se creen que mis agallas son de aluminio y goma.
Por más que les explico,
ellos no, no me entienden.
Pero ellos no son peces tampoco,
son buzos que olvidaron su regreso.
Pero tampoco entienden,
por más que les explico
no me escuchan,
no me entienden.
El jardín de los proyectos
Si regreso al jardín de los proyectos
de aquella juventud llena de fuerza,
fractura y soledad llenan mi mundo,
caminando entre ruinas y tristeza.
¿Dónde quedaron tantas ambiciones
de gracia, de heroísmo? ¿Vanidad?
En vez de hacerse humildes e invencibles,
se perdieron en difusa vaguedad.
Vosotros, compañeros de camino,
lo fuisteis en su día, ya lejano,
sinceros camaradas en la lucha,
amigos confidentes, mis hermanos.
Y de pronto, me vuelvo, y estoy solo.
Os busco a mi lado y no os encuentro.
Amigos, convertidos en extraños,
me habláis en un lenguaje que no entiendo.
Tanto os echo de menos, tanto, tanto.
San Basilio escucha mi lamento,
lamento solitario en el camino,
que brota, incontenible, en mis adentros.
¿Qué puedo hacer para que la nostalgia
no me consuma con su fuego ardiente?
¿Existe una forma de recuperar
la amistad del fondo del mar de la muerte?
Si regreso al jardín de los proyectos
me encuentro con un sitio abandonado.
No distingo arriates ni paseos.
El castaño frondoso se ha secado.
Qué dura decepción, qué desengaño.
Qué ciego estuve ayer al engañarme.
Despierto, al fin, dolido, escarmentado.
Soñar fue un gran error, sí, perdonadme.
Poeta
Hechicero, inventor de conjuros,
me despiertas canciones dormidas.
Tus palabras convocan al viento,
desatan la lluvia,
detienen el río.
Tú conviertes palabras en magia,
formulando embrujos arcanos,
transformando el ser de las cosas,
un gesto en tu mano
y me envuelves de amores lejanos.
Sacerdote, tus manos impones,
sobre rocas, ramas, amapolas,
transustancias su pobre apariencia
en alma divina,
viva y cegadora.
Visionario, mirada de flecha
que atraviesa rutina y materia,
conciencia de ser, metafísica en verso,
filosofía prieta.
Un avaro de tontos detalles,
coleccionas despojos del mundo,
almacenas miradas perdidas,
besos medio rotos, males vagabundos.
Y con ellos construyes palacios,
frondosos jardines, grandes catedrales,
bosques infinitos, mares tropicales,
abrazos eternos, amores fatales,
que, mago, los cubres de azul torbellino,
hologramas de mil dimensiones
que se cuelan entre la lectura
y golpean mi corazón
de piedra.
Tejedor de tapices de amores,
constructor de palacios de duelo,
cirujano de mundos ocultos,
plañidor de alegrías,
bufón de tristezas.
Poeta (desde otro ángulo)
Incapaz de pensar ordenado,
tullido de mente.
Ave con alas de adorno,
potencia impotente.
Serpenteas pegado a la tierra
incapaz de abstracciones,
suspirando por vuelos muy altos
juegas entre escorpiones.
Tiras piedras contra el corazón
sin saber explicarte
con oscuros juegos de palabras
que dicen que es arte.
Cuatro luceros
Cuatro luceros llenan
mi firmamento,
cuatro lirios dorados,
mi pensamiento.
Uno, un bosque de grutas,
un laberinto,
donde esconde tesoros
que nunca has visto.
Dos, jardín de volcanes,
miel tormentosa,
mar que las playas lame
y ruge en las rocas.
Tres, es flor delicada,
arroyo alegre
con fuerza de ser riada,
¿quién te detiene?
Antes y después viene
la luna llena
que amamanta en ternura
las tres estrellas.
Ella tiene en su mano
llaves maestras
que abren los corazones
de todas ellas.
Las manos magas
Con aromas de lavanda
tus manos riegan perdón
donde pisadas cansadas
imploran su redención.
Reina de pulgares magos
en tu fragua de amapolas
templas pétalos caídos
pisados entre las hojas.
Armada con diez buriles
desenredas el dolor
y en las plantas de mi alma
se refleja, alegre, el sol.
¡Abre al aire la ventana
de mis tobillos de piedra
y respiren por mis venas
hojas nuevas de una hiedra!
Dicen
Dicen que es el amor como una ausencia
sentida como herida interminable:
Una tarde de invierno, un lecho frío,
un ayer que no deja de alejarse.
Dicen que es el amor como un vacío
que enseña la verdad a las personas,
que somos un deseo insatisfecho,
nostalgia eterna de un romper de olas.
Ignoran que el amor es un dejarse
llevar por este río de abandono
que da bastante más de lo que quita.
Ignoran que el amor es encontrarse
de frente a otro, eternamente otro,
y junto a él atravesar la vida.
La Niebla
Las nubes perezosas
se arrastran cariñosas
por el húmedo río
huyendo de mi vista las figuras
perdiendo sus colores, su tersura.
Es la niebla que viste
los vulgares perfiles de las cosas:
los cubre de misterio, de hálito divino,
les pone una aureola de tul de novia hermosa,
envuelve cada arista con papel de regalo,
convierte un pobre cardo en una rosa.
Es la niebla que viste de misterio
los vulgares perfiles de las cosas.
¿Los viste o los desnuda?
Mejor los desnuda:
El misterio está dentro de las formas.
La niebla viene y limpia de contorno,
dejando cada cosa
en su misterio desnuda
en su hermosura.
Quién soy yo
¿Quién soy yo? ¿Quién escucha
cuando le hablo a mí mismo?
¿Quién pregunta?
¿Quién responde en silencio?
¿Quién habita
este cuerpo pesado?
¿Quién está al otro lado
cuando le hablo al espejo?
¿Quién se va haciendo viejo?
¿Quién suspira?
¿Quién encoge los hombros?
¿Quién se admira
al mirarse a los ojos?
¿Quién desea?
¿Quién, al fin, se emociona?
¿Quién sonríe
al calor de un recuerdo?
¿Quién descubre
un olor de la infancia
en un plástico nuevo?
¿Quién teme a los fantasmas?
¿Quién entiende?
¿Quién busca la coherencia?
¿Quién atiende
al dolor de mi alma?
¿Quién lo siente?
¿Quién esconde su cara
cuando miente?
¿Quién le mira
cara a cara a la muerte?
¿Quién te ama?
Quiero ser luz y viento
No quiero acumular.
Quiero un velero.
Su carga: sólo velas
infladas por el viento.
Oh, fragata veloz. Desprendimiento
es tu nombre grabado en tu costado.
No quiero dominar.
Quiero una estela
de las olas que corren a mi lado.
Abandono es su enseña,
acariciando el viento.
Va mi nave aprendiendo
a ser nube, a ser viento.
Tira su oscuro lastre, dolorosamente,
mientras pinta el camino de azul cielo.
Deja atrás aguas dulces
tiempo atrás deseadas.
Rumbo al sol que nos llama
tras las aguas saladas.
Quiero ser luz y viento.
III. A la Sombra de una Iglesia
Libertad
Libertad de volar como un pájaro,
contra el viento, subir y bajar.
Libertad de correr a la aurora
y beber en su luz de cristal.
Libertad de dejar los instintos
navegar hacia dentro del mar.
Libertad de aspirar los perfumes
que te llenan de flores de paz.
Pero, ¿es libertad
el correr sin saber dónde vas?
Libertad, ¿dónde estás?, libertad.
Libertad de ser amo del tiempo
y sentir todo el viento pasar.
Libertad de esperar que amanezca
y la lluvia se pierda en el mar.
Libertad de llevar los instintos
a ocupar cada cual su lugar.
Libertad de sentarte a tu puerta
y saber, cada flor, dónde está.
Pero, ¿es libertad
gobernar sin amar de verdad?
Libertad, ¿dónde estás?, libertad.
Libertad de cerrar bien los ojos
y dejarse, en volandas, llevar.
Libertad de encontrar, cada día,
en el sol y en la luz, novedad.
Libertad de romper en pedazos
tus cadenas de carne mortal.
Libertad de sentir con las flores
su coqueta y sincera humildad.
Pero, ¿es libertad
el amar sin poder alcanzar?
Libertad, ¿dónde vas?, libertad.
Hojas que el viento se lleva
Hojas que el viento se lleva. Viento cruel,
dejó el árbol desnudo. El muy traidor,
las arrojó al sucio cieno. Tentador,
sacudiendo en la copa. Sin pudor,
prometiendo a las hojas el final
de su dura fatiga. Sin cesar
hasta vencerlas rendidas, al cortar
su lazo con la vida.
Hamelín de las hojas, volando las lleva.
Bandada de zombis danzando espirales.
Ellas se creen viento, subiendo y bajando,
revoloteando.
Pero no son viento, son hojas pesadas,
el agua y el barro recuerdan su ser.
Y acaban su viaje,
basura en el cieno,
pisadas
por todos
acaban
su sueño.
El viento se defiende: No engañé
cuando puro imposible prometí,
todo el mundo lo sabe. La ambición
de las hojas fue grande. Vanidad
al creer que eran viento.
Dije al viento culpable: Satanás,
llévate de este mundo
a esas hojas cobardes.
Olvidaron:
No hay vida
abandonando el árbol.
Pero deja que coja un puñado
porque Dios quiere hacer
un milagro.
Iglesia en ruina
Esta casa amenaza ruina inminente.
—¡Sal de allí corriendo! —, me avisa la gente.
Muros agrietados, puertas que no cierran.
Pero ésta es mi casa,
mi única casa,
la única que sé dónde está.
Administradores,
a la puerta sentados, mirando a la gente.
Patéticos sabios, cubiertos de honores,
sólo se preocupan de ser algo en nada,
la cara lavada y limpia la fachada.
Pero ésta es mi casa,
refugio del pobre,
aunque a muchos no dejen entrar.
Pobres inquilinos,
nadie mira dentro y arregla las grietas
del muro maestro.
Si alguien lo comenta,
le callan la boca por escandaloso,
sólo vociferan, injustos, los otros.
Pero ésta es mi casa,
mi comunidad,
la única en la que encuentro mi hogar.
Ilustres vecinos,
fueron inquilinos hasta partir a otro lugar.
Retratos recuerdan su buen testimonio,
pero pocos quieren recordar.
El techo rehundido cubre la buhardilla
y el viento se cuela en el desván.
Pero ésta es mi casa,
de siempre mi casa,
donde mi amor se descubrió.
Vendrá el propietario,
cualquier día, de pronto,
y verá su casa tan maltrecha.
No sé quién podrá alzar la cabeza
ante su mirada de sol.
Esposo esperado, mi bien, rechazado
por mí tantas veces. Mi Dios.
Porque ésta es su casa,
su celo, su estancia,
donde yo espero su perdón.
Pasar a mi lado
Tocas mi corazón,
entero me conmuevo,
Tus palabras saben a agua fresca
que revienta en mi pecho.
¿Qué quieres de mí?
¿Por qué me desgarra presentir
la intuición de tu presencia?
Una tela se rasga,
un salto, un torrente de vida,
caricia de gracia.
¿Qué he de hacer?
¿Dónde voy a buscarte?
Una brisa de luz,
una mano presiona mi alma
robándome el aire.
¿Dónde vas?
¡Ya te marchas!
Me dejas así, sin haberte entendido.
¿O es que sólo querías
pasar a mi lado?
Pasar a mi lado.
Qué poco entiendes
Al maestro Eliot (“El ser humano puede soportar poca realidad”)
El cirujano sufriente acaricia mi cabeza:
“Qué poco entiendes”, me dice.
Yo creía que sabía, pero no.
Mi mundo era todo mentira.
“Confundes lo real con lo ficticio,
abajo con arriba,
crees convencido que caminas
cuando muevo tus pies por las colinas”
Volveré hasta mi infancia a aprender desde cero.
Mi mundo era todo mentira.
Un rayo de sol, un destello de luz
me ha mostrado un reflejo de verdad.
Duró un instante, sólo un momento,
sin saber dónde estaba
me envolvió el universo.
Juego con la palabra para volver a ese instante,
a esa risa de niños, a ese rayo brillante,
mientras gira la rueda.
A oscuras solo espero
que me alcance la muerte.
Bisturí compasivo el cáncer desprende
para morir curado y tranquilo.
Esta vida es tiniebla para ojos que entiendan.
Y yo qué poco entiendo
Tu empeño
Me estremece este empeño
con que me persigues,
a pesar de mi loca carrera,
a pesar de que siempre te esquive.
Tu ternura rotura mi tierra,
tu gracia la riega,
tus semillas la vuelven fecunda
y tus pobres la siegan.
Pero todo muy a pesar mío,
que todo rechazo,
me rebelo buscando mi vida,
mi luz, mi alimento,
fuera de tu regazo.
Me revuelvo, te esquivo, me escondo,
me tapo la cara,
y tu empeño me sale al encuentro
madrugando todas las mañanas.
Tu paciencia, una lluvia muy fina que moja la tierra,
la moja y la empapa,
tu tesón es el fuego tranquilo
que consume el tronco
con lenguas naranjas.
Mi desidia es una gran vergüenza
golosa y obesa
que devora los meses a pares
y se hace, cada día, más gruesa.
Pero siempre llega a mí tu mano,
suave y poderosa,
y me limpia tocando por dentro
mi vida andrajosa.
Y así tengo mi ser en la deuda:
Que a cambio de nada
tú te empeñas en llenar mi vida
y yo en vaciarla.
Menos mal que tu empeño es más fuerte,
y mi amor, aunque torpe y fugaz,
es sincero.
David
Hoy he comprendido algunas cosas nuevas,
hoy he visto claro el largo camino,
la lucha cansada,
la guerra que envuelve en su manto de rafia,
la herida que sangra desde antes del alba.
Hoy he desatado
un nudo en mi mente,
la venda en mis ojos,
y te he visto enfrente, David, con tu honda,
enfrente de todo un ejército armado.
Di, ¿cuál es tu fuerza?
—Saber mi victoria, que Dios no traiciona.
¿Quién es tu enemigo?
—Tres ángeles negros:
el mundo, primero, de aspecto imponente, su fama, su gloria,
su torva mirada, su negro desprecio;
después Satanás, con su aliento de hielo que mata,
engañando, esperanzas;
y siempre la carne, que débil sucumbe
ante cualquier viento. Si te fijas bien, verás a los tres
dentro de aquél gigante:
Mira al primero: “¡Soy grande, soy fuerte!”,
escucha al segundo: “¡Nada conseguirás!”,
siente al tercero alzando la espada,
la sacude al aire
silbando al pasar.
David, ¿y tú?. Dime, ¿cuáles son tus armas?
—Lo que tengo, lo poco que tengo,
mi Señor pondrá lo demás.
¿Y las guerras, el hambre, las muertes
de inocentes tiznados de mal?
¿Las sucias mentiras, el odio, venganzas,
las llagas cubiertas de sal?
—Si te fijas bien, verás al gigante gritar
“¡Ríndete! Nunca me vencerás”
¿Y podemos nosotros luchar?
—Lo que puedas, lo poco que puedas,
el Señor pondrá lo demás.
Perdón y olvido
La felicidad es flor de la memoria
que raras veces abre sin olvido.
Te habla al corazón, como un amigo,
se riega con perdón, la abona el tiempo.
Eso dicen, y yo, a veces, la tengo.
La infelicidad es un recuerdo amargo
un reproche al que mira en el espejo,
un rencor que se ha ido haciendo viejo.
Falsa esperanza, trampa, sucio engaño.
Tras un camino largo, un sitio extraño.
Tengo en mis manos bilis y rencores,
tengo en mis pies el barro del camino,
tengo en mis hombros algo que me pesa,
inconcreto y brutal.
Tengo en mis piernas ásperas cadenas
que me apresan.
Cierro los ojos y sueño con un baño
del agua que todo lo perdona,
limpia mi sucia piel y mi memoria,
quita el peso que cargo con mi historia.
Libera mis cadenas y florece
la flor que en su perfume
me enriquece.
No quiero abrir los ojos, ¿me comprendes?
Es la desesperanza, ese veneno
que sigue al sufrimiento como un trueno.
Pero es mentira.
No es más que un fuerte ruido.
Si quieres ser feliz: perdón y olvido.
La torre
La torre de la iglesia,
tornillo en piedra,
sujeta firme tu cielo
sobre la tierra.
Pozo que se levanta
dame esa agua
de tus cubos sonoros.
La sed del alma.
Ciento por uno
En el río del abandono
encuentro ciento por uno.
Si me detengo en la orilla
ya no me queda ninguno.